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San Juan y Boedo antiguo, Pompeya y más allá la inundación, tu melena de novia en el recuerdo, y tu nombre flotando en el adiós... La esquina del herrero barro y pampa, tu casa, tu vereda y el zanjón y un perfume de yuyos y de alfalfa que me llena de nuevo el corazón. Sur... paredón y después... Sur... una luz de almacén... Ya nunca me verás como me vieras, recostado en la vidriera y esperándote, ya nunca alumbraré con las estrellas nuestra marcha sin querellas por las noches de Pompeya. Las calles y las lunas suburbanas y mi amor en tu ventana todo ha muerto, ya lo se. San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido, Pompeya y, al llegar al terraplén, tus veinte años temblando de cariño bajo el beso que entonces te robé. Nostalgia de los años que han pasado, arenas que la vida se llevó, pesadumbre del barrio que ha cambiado y amargura del sueño que murió. | |||||||||||||
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| Anuncio Cód. 342 | ||||||||||||||
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Silencio en la noche. Ya todo está en calma. El músculo duerme. La ambición descansa. Meciendo una cuna, una madre canta un canto querido que llega hasta el alma, porque en esa cuna, está su esperanza. Eran cinco hermanos. Ella era una santa. Eran cinco besos que cada mañana rozaban muy tiernos las hebras de plata de esa viejecita de canas muy blancas. Eran cinco hijos que hasta ayer marchaban. Silencio en la noche. Ya todo está en calma. El músculo duerme, la ambición trabaja. Un clarín se oye. Peligra la Patria. Y al grito de guerra los hombres se matan cubriendo de sangre los campos de Francia. | |||||||||||||
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| Anuncio Cód. 333 | ||||||||||||||
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Cuando el ombú de la existencia sacude el viento del ricuerdo, se yena el alma de murmuyos que cuentan cosas del tiempo viejo. En ocasiones, al oírlos, el cielo claro de los ojos queda tapao de cerrazón y en otras veces, sin querer, se va la mano pa’l facón. Murmuyos que traen al alma la tropa de los ricuerdos, pa’ yegar vienen al trote pa’ dirse siempre son lerdos. Murmuyos, murmuyos son que aprietan el corazón. Y si les echo pa’ correrlos a la perrada de los sueños, esos murmuyos, uno a uno, me matan tuitos los pobres perros. Sólo la caña los domina y se los yeva al trote en ancas, por eso siempre tiene sed de caña mi alma pa’ apagar la voz que yega del pasao. | |||||||||||||
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| Anuncio Cód. 334 | ||||||||||||||